Pálidas mañanas

Su piel se veía pálida y hacían días no me miraba a la cara, estaba callada, sentada y mirando en dirección a la ventana. Sentía que iba a mover sus labios así que me quedé paralizado mirándola, cuando el silencio se rompió como un cristal haciéndose añicos ante mí, dijo: “Me voy”.
Llevaba ya un tiempo imaginando que esto pasaría y aún así me dolió como si fuera una sorpresa, como un buen balde de agua fría bajando por mi cabeza. Me quedé callado y camine hacia la puerta, y contesté antes de salir “Estás despierta”.

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