Tazas de café

Cálidos cafés los que ella me hacía saborear. Me paseaba todas las mañanas por su cafetería. Se veía reduciente día tras día. Estaba vestida de blanco y marrón ese día, la perfecta combinación de sus ojos con su piel como sol y arena a su vez. Y no fue hasta el 26 de enero que me logró ver. Me tomó por sorpresa ver sus ojos sonriéndo a los míos . Era una mirada amorosa y dulce que regalaba esperanza y seguridad que no había visto nunca. Tomé mi café y enamorado y asustado me marché contando con que mañana le hablaría tal vez. Aunque después de ese día no la volví a ver, siempre recuerdo su mirada en las tazas de café.

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