Fantasmas y chocolate caliente

Los fantasmas en ocasiones se pasean por la casa. Los observo tranquila desde mi suave y cómodo cogín. Antes solían aterrorizarme, llegué a pensar que si me escondía de ellos, nunca me atraparían ni me harían daño. Viví varios años en este estado de miedo y paranoia. El secreto que desconocía era que no sabía que ellos eran fantasmas y, por lo tanto, no podrían causarme ni el más mínimo daño. Una noche ocurrió algo curioso, me llegó una visita de un buen viejo amigo, así que apesar del miedo que tenía, decidí no esconderme e invitarlo a pasar. Fue esa noche cuando los fantasmas se me acercaron más que nunca y a pesar de que mi corazón latía fuerte y mi respiración estaba agitada, decidí concentrar mi atención y respirar lentamente. Fue tanta la concentración que los fantasmas se paralizaron y se desvanecieron. Abracé a mi amigo fuerte y le invité un chocolate caliente como solíamos tomar desde niños. Y es desde esa noche que disfruto mis chocolates calientes con amigos, ignorando fantasmas.

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