La búsqueda

Los sonidos de la ciudad eran turbulentos comparados con la tibia tranquilidad que arropaban el lugar donde creció. Andaba bien abrigada, como si le tuviera miedo al viento que soplaba las primeras ráfagas de frío que avisaba la cercanía del invierno. En su rostro se notaba la palidez y la ausencia del sol, más en sus ojos, el cansancio de otra noche trasnochada. Iba caminando de prisa para alcanzar el tren, como siempre, tarde otra vez. Su trabajo quedaba lo suficiente cerca como para no tardar tanto, y lo suficientemente lejos para que sus pensamientos se convirtieran en obstáculos. Padecía de problemas de ansiedad, los cuales eran difíciles de manejar, en ocasiones meditaba mirando por la ventana, pero el ruido no tardaba mucho en volverse asomar. Algunas tardes corría por el lago para liberar el estrés que parecía que nunca se iría. Lo intentaba cada día, pero en ocasiones la oscuridad se volvía densa y fría, difícil de escapar, como una telaraña en la que quedaba tendida. Hoy, era uno de esos días, donde no quería despertar, donde deseaba seguir durmiendo y no saber de nada más. Pero había que trabajar, había que continuar, la vida no podía seguir siendo gris, debía de haber algo más, algo que no había encontrado aún, pero esperaba por ella, sin duda, en algún lugar.

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