Se tumban de rodillas

Son las inseguridades y el miedo los que luchan por tener el control cada día, y soy yo la que pelea en silencio una guerra fría . En ocasiones me derrumban y paso tanto tiempo naufragando en mis pensamientos que me dicen que no puedo, que nadie cree en mí y que ni yo misma puedo hacerlo. ‘Fuck’, no sé si es por que a temprana edad me conformé con ser quienes querían los demás, tal vez mal interpreté los consejos de mi papá o tal vez no valoré suficiente a mi mamá, no sé en que parte la cagué, y todo mientras la inseguridad y el miedo me observaban silenciosos. Quisieron aprovecharse de las desventajas y me susurraron mentiras para hacerme caer en su trampa, se volvieron los reyes de mi reino, y cada vez que intentaba escapar me castigaban con pensamientos de dolor nada más.

A pesar de que perdí el control, poco a poco comencé haciéndole frente al espejo, y descubrí los mismos ojos de la niña pequeña que un día fui, me miraban iluminados, con una fé que los tenía enfocados. Era como si me estuviesen recordando quien era yo y el poder que tenía entre mis manos. Así que me fui revelando y las batallas se volvieron más fuertes.

Otra pelea, otra derriva, no dejo de pararme cada vez que las inseguridades y el miedo vuelven a derrumbarme. Oh no, otra vez, están de vuelta, siento como todo el cuerpo se me tensa, y mi cuerpo se vuelve una prisión, es ahí donde trato de luchar e intento escapar, pero la inseguridad me toma por el cuello y no me deja respirar, mientras el miedo se ríe de mí, le gusta verme sufrir. Me acorralan en la pared como si me dijeran “de aquí no te moverás”, la inseguridad me asfixia, siento como el corazón se comienza a agitar, y cuando pienso que ya no me queda más, le hago frente y miro el vacío en sus ojos, de repente siento como de mi cuerpo una luz luminosa comienza a irradiar, mi cuerpo se endereza y se endurece como si mi piel se hubiese vuelto una armadura dorada, veo como el mismo miedo se va huyendo, escondiéndose detrás de la inseguridad, mientras a ella no le queda otro remedio que soltarme, soy indomable.

Llegue a tener tantas ganas de parar, de rendirme y dejarlos ganar, y lo más que quiero ahora es continuar, destrozar todas las barreras que me impiden avanzar, mientras ellos se tumban de rodillas, pues la Reina acaba de llegar.

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